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Salud emocional: clave oculta en la cicatrización del pie diabético

Vivir con una herida puede generar miedo, cansancio y preocupación por el futuro. Estos sentimientos merecen atención, igual que el dolor o las dificultades para caminar.

El estrés y el malestar emocional pueden hacer más difícil mantener las curaciones, descansar o seguir el tratamiento. Esto no significa que una herida que tarda en sanar sea culpa del paciente ni que “pensar positivo” sustituya la atención médica.

También puedes hablar de cómo te sientes

Comenta durante la consulta si tienes dificultades para dormir, pérdida de interés en tus actividades, angustia persistente o agotamiento por los cuidados diarios. Identificar estas necesidades permite orientar el apoyo y, cuando corresponda, recomendar atención psicológica.

Acompañar sin juzgar

La familia puede ayudar escuchando, organizando los cuidados y acompañando a las consultas. Cuidar una herida también implica cuidar a la persona que vive con ella.

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