Evaluación y seguimiento
Se revisan profundidad, tejido, bordes, secreción, dolor y signos de infección para ajustar el plan.
Una lesión por presión puede aparecer cuando una zona soporta presión sostenida o fuerzas de deslizamiento, especialmente si la persona tiene movilidad limitada. Puede afectar talones, sacro y otras prominencias óseas.
Un cambio persistente de color, temperatura, consistencia o dolor puede ser una señal temprana. La piel intacta no descarta daño en tejidos más profundos. La valoración considera movilidad, sensibilidad, nutrición, humedad, dispositivos y estado general.
El plan puede incluir cambios de posición adaptados a la persona, protección del talón y una superficie de apoyo apropiada. Un colchón o cojín especial ayuda a redistribuir la presión, pero no sustituye por completo la revisión de la piel ni los cambios de posición.
El intervalo y la forma de movilizarse deben individualizarse según tolerancia, comodidad, objetivos de cuidado y respuesta de la piel; no hay un horario único para todas las personas.
Se revisan profundidad, tejido, bordes, secreción, dolor y signos de infección para ajustar el plan.
La selección del apósito depende de la herida y la piel alrededor; también se valora si necesita desbridamiento u otra intervención.
Puede valorarse en situaciones seleccionadas, pero no se usa de rutina para toda lesión por presión.
Se coordinan control de humedad, movilidad, nutrición y comorbilidades con el equipo de cuidados.
Una herida que se profundiza, tejido oscuro, mal olor nuevo, secreción, enrojecimiento que se extiende o fiebre requieren valoración pronta. Si la persona está decaída, confusa o tiene fiebre y deterioro general, acude a urgencias.
Cambios de color, temperatura o dolor que conviene reportar, incluso antes de que se abra la piel.
Las indicaciones para movilizar o curar una lesión deben adaptarse a cada persona y a su equipo tratante.